lunes, 22 de septiembre de 2008

LA IDEOLOGÍA CRIOLLA EN LA CONFORMACIÓN DE LA NACIÓN.


PROLOGO.


(Seis colaboraciones para el periódico
El Imparcial de la ciudad de Oaxaca,
que aparecieron en los meses
de abril y mayo del año 2001)


En los inicios del siglo XXI, frente al derrumbe del sistema “priísta” que gobernó a México durante los últimos tres cuartos del siglo XX. En el despertar de la sociedad mexicana y la irrupción del movimiento indígena del EZLN. Frente a los cambios que esta operando el nuevo "orden mundial". En medio del caldero de esta sociedad que indiscutiblemente se está transformando, es necesario y saludable, ventilar los grandes problemas de la joven nación mexicana.

No sólo es menester analizar la situación de los indígenas, sino también la de la cultura dominante. En efecto, la ideología criolla se ha mantenido incólume en los últimos 180 años y muy pocos se han atrevido a cuestionar y analizar este fenómeno. México es una nación exageradamente racista y clasista, donde la injusticia y la explotación en la que se ha mantenido a los mexicanos herederos de los pueblos originarios, sean estos indígenas o mestizos, en gran parte tiene su origen en una ideología que se ha sabido esconder en la simulación y la hipocresía social e institucional.


Los mexicanos en general, no aceptamos que somos racistas, clasistas e indígenas. Los colonizadores nos han enseñado a negar y a denigrar a nuestra Madre Cultura. La cristianización, la civilización, el progreso, la modernidad y la globalización, cada una, desde 1521, implicaron la negación y desprecio de lo propio, por la exaltación y copia exacerbada de lo ajeno.

Para poder construir una nueva sociedad, de cara al nuevo siglo, requerimos inaplazablemente, analizar y reflexionar de manera descarnada y valiente, nuestros profundos problemas estructurales que, indiscutiblemente son de orden Cultural. Los mexicanos no hemos podido cancelar el periodo colonial en nuestras relaciones sociales, económicas, políticas y culturales. La colonización cultural ha sido el instrumento con el cual se ha amordazado nuestro rostro y nuestro corazón, nuestros sentimientos y nuestros pensamientos, nuestros valores y nuestros principios, en síntesis, el amor y respeto a nosotros mismos y a nuestros Viejos Abuelos.

Es momento de iniciar la marcha para definitivamente salir de nuestro "laberinto de la soledad". De esta manera presentamos ante usted, seis colaboraciones para el periódico El Imparcial de la ciudad de Oaxaca, que aparecieron en los meses de abril y mayo del año 2001.


II. EL SISTEMA DE CASTAS EN MÉXICO.

Los mexicanos contemporáneos, formamos parte de una de las seis civilizaciones más antiguas del mundo. Los primeros siete mil quinientos años de existencia vivimos en un riguroso orden social. En efecto, la organización social de los antiguos mexicanos fue de un orden estricto y de una compleja estructura en la que el grado de desarrollo espiritual conformaba los niveles sociales. Esta rigurosa estructura social aún en los decadentes tiempos de los aztecas, en el período conocido como Postclásico, se mantuvo aunque con un sentido degradado. Superviviente de este orden social, podemos apreciar en las comunidades indígenas el sistema de cargos y el alto sentido espiritual de estas sociedades.


Con la llegada de los invasores en 1519, la civilización milenaria sufrió el holocausto más pavoroso de la humanidad. Hasta la fecha no se conoce y difunde los crímenes, horrores e injusticias que se cometieron contra de nuestros indefensos antepasados durante los primeros trescientos años del sistema colonial impuesto hasta nuestros días. Conocer lo que sucedió en esos trescientos años de colonia, nos ayudaría a entender en gran parte muchos de nuestros actuales problemas como pueblo. Los judíos, con su holocausto, lo refrendan cada año a nivel internacional y de muchas y diversas formas, para aquellos que opinen que esto es ocioso.


Una de las bases en las que se sostiene el actual orden de injusticias en nuestro país, es precisamente el hecho que la mayoría de los mexicanos desconocemos el pasado. El Estado colonial, desde 1521 se ha preocupado por mantener en calidad de amnésico al pueblo de México, lo ha logrado desposeer de su memoria histórica. Para que el sistema colonial de explotación funcionara eficientemente en la extracción y depredación de nuestros recursos naturales a favor de la corona española, se instauró un estricto Sistema de Castas.


En efecto, el Sistema de Castas es el mecanismo con el cual se puede, sin ningún aparente problema de orden moral o ético, llegar a los extremos más deshumanizados de la explotación de los seres humanos. Se requiere crear un orden social en el que la explotación de los seres humanos y la pérdida de sus derechos más elementales, dentro de un orden establecido, que comúnmente llaman "estado de derecho", permita la obtención de inmensas ganancias de unos cuantos sobre grandes conglomerados humanos a cualquier precio. Se requiere crear un espejismo, con el cual sin el menor recato y con el mayor cinismo se puedan enriquecer unos cuantos a costa de la mayoría. Un arreglo "moral y ético" de carácter social que en nombre de la corona española o de las fuerzas del mercado, se pueda condenar a la más impensable miseria a una inmensa mayoría de personas con el mayor cinismo de acuerdo a "la ley y el orden establecido".


El Sistema de Castas desde un principio estableció una pirámide en donde en su vértice superior se ubicaron los españoles nacidos en España, y en la parte más baja, en la base que sostiene este orden social estaban los indígenas. Debajo de los "gachupines", estaban los españoles nacidos en México, aunque eran hijos de padre y madre nacidos en España, por el sólo echo de nacer en México pasaban a un segundo nivel. Los criollos no podían acceder a los puestos más altos del poder político, militar, administrativo, económico y religioso, que era reservado sólo a los gachupines.

Después le seguían los mestizos, generalmente de padre español y de madre indígena. La violación sistemática y sin ninguna pena legal de las indígenas a manos de los españoles desde los primeros días de la conquista, se tomó como un derecho inobjetable de los vencedores sobre los vencidos.


Después seguían los negros, pues como eran artículo de importación de África, su costo les permitía tener un nivel alto entre los de abajo. Finalmente estaban los indígenas que durante gran parte del siglo XVI fueron considerados animales, carentes de alma y por lo cual podían ser tratados como animales de trabajo sin ningún derecho. Tuvo que realizarse un juicio en el Vaticano para demostrar que los "naturales" tenían alma. Si los naturales no eran animales, ni humanos, entiéndase europeos, entonces fueron designados como ¡indígenas! Nombre ambiguo que les escamoteaba la condición humana y permitía su explotación.


Para que el amable lector tenga una idea del holocausto mexicano, el mayor en la humanidad, le podemos decir que en los primeros cien años de colonia, los europeos mataron por medio de las armas, los trabajos forzados y fundamentalmente con enfermedades traídas de Europa, a aproximadamente 24 millones de personas. México no volvió a tener 24 millones de habitantes hasta la década de los cuarentas en el siglo XX. Se calcula que para 1621 en la Nueva España existían un millón de indígenas y para 1800, tres siglos después, según un censo, se supone que había cinco millones de personas en la Nueva España y de ellas, sólo setenta mil eran españoles nacidos en España. De esta cifra podemos deducir dos cosas, la primera es que el poder estaba terriblemente concentrado en unos pocos, (cosa que mantiene hasta la fecha el sistema colonial) y segundo, se supone que actualmente existen más de diez millones de indígenas en el país según los datos del INEGI, lo que comprueba que lejos de extinguirse, los pueblos indígenas están en plena expansión y se han sobrepuesto al proyecto de extinción al que estaban condenados como en Uruguay, Argentina o Estados Unidos.


Entre estas castas existía un número considerable de "subcastas" que venían de la cruza entre ellas, nombres como "saltapatras o lobo", nos hablan de esos pobres que no eran ni una ni otra cosa.


Este riguroso Sistema de Castas impedía la movilidad social. Oficios y trabajos, formas de vestir y hablar, lugares donde vivir, situación económica y futuro, estaban ya estrictamente preestablecidas, nadie podía cambiar de casta y de su nacimiento debía llevarla como una condición imprescindible para vivir en la sociedad colonial y si se quebrantaba este orden social, la muerte pública era el castigo con el que se pagaba el atentar contra el "estado de derecho colonial".


Así como la guerra de conquista fue una lucha entre indígenas aprovechada por los españoles, la guerra de independencia fue una guerra entre españoles peninsulares (gachupines) contra españoles nacidos en América (criollos). En efecto, después de trescientos años de “este injusto” Sistema de Castas, no fueron los indígenas o los mestizos los que estallaron en rebeldía, sino los españoles nacidos en América, que no soportaron ser segundones en la explotación de la colonia y sus habitantes.

Los criollos muy hábilmente usaron a los indígenas en contra de los gachupines y por eso el cura Hidalgo en Dolores dijo... ¡a matar gachupines! Y trescientos años de injusticia fueron el fuego que alentó durante once años la guerra de independencia, que finalmente ganaron los criollos para quedarse con el poder colonial a través de la traición de Iturbide (criollo) a los gachupines, que le habían armado un costoso ejército para acabar a Guerrero y que en Acatempan, se realizo la "primera concertasesión" de nuestra reciente historia.


Se cambió todo para seguir igual. Con el triunfo de la guerra no se desmanteló el sistema colonial de explotación sólo cambiaron los mandos, ayer gachupines hoy criollos, más nada.De 1821 a nuestros días el sistema colonial sigue en pie. Maquillado, el sistema de explotación deshumanizada de los de arriba sobre los de abajo es la realidad cinco centenaria de nuestro país. Por consecuencia el Sistema de Castas sigue vigente aunque muy maquillado y agazapado en la hipocresía social y la gubernamental.

Los extranjeros siguen teniendo el "sartén por el mango" y se siguen "despachando con la cuchara grande". La mayor parte de la riqueza se iba a España para la corona española, en nuestros días, la mayor parte de la riqueza que se extrae, se va vía el pago de servicio de la deuda externa y los rendimientos del capital a manos del capital financiero supranacional. En los últimos diez años, todos los mexicanos hemos pagado 445 mil mdd, sólo de intereses. Es la misma encomienda solo que más refinada y más letal.


En el actual sistema de castas los extranjeros y criollos siguen ocupando los primeros sitios de la pirámide de explotación. Lea aquellas listas de los "mexicanos" más ricos, de los sistemas nacionales de creadores o de investigadores, ... casi puros criollos. Un ejemplo de lo extremadamente racista que es la sociedad mexicana es que en la televisión nacional, no aparecen personas morenas, sólo güeritos... ¿se ha dado cuenta?

Después les siguen los mestizos, que con sus cremas blanqueadoras y sus tintes para el cabello, pretenden "discretamente" dar un saltito para arriba. Ayer el título nobiliario, hoy el título académico. Se ha fijado que cuando les preguntan el nombre a esas personas "don nadie", inmediatamente contestan con, "licenciado, ingeniero, contador fulano de tal". Sin embargo, en esto de los títulos académicos, ahora no basta con decir soy licenciado, sino... de qué universidad egresaste. Aunque siendo balnquito y de ojos azules, en México ya no se necesita título.


Los mexicanos vivimos una sociedad hipócrita donde el racismo y las clases sociales definen directamente grandes procesos sociales. En México seguimos aceptando sin remordimiento y vergüenza, que existan los vencedores y los vencidos. Que existan más de la mitad de mexicanos en la pobreza y que eso no nos afecte, ni nos preocupe. Cómo en la colonia, podemos ver sin inmutarnos que mueran decenas de miles de personas por hambre, enfermedades o trabajos forzados. Actualmente en México, según la UNICEF, se mueren diariamente 500 niños mexicanos, de recién nacidos a cinco años por problemas generados por la miseria, cada día... y a nadie le importan esos niños. Son sólo pobres, indigentes, indígenas, es decir, "no son ni seres humanos ni mexicanos". A muy pocos que tienen el poder, en verdad les importa que el salario mínimo no alcance para cubrir las necesidades mínimas de la vida cotidiana. En México existe la "gente bonita" y "los otros".


Permanencia de un sistema colonial camuflado, en México los explotadores no se comprometen con el futuro y bienestar de los explotados, ni con el de la Nación. Ante cualquier amago, inmediatamente amenazan con sacar sus capitales e "irse a su tierra". En México no existe verdadero compromiso y preocupación por los pobres y los pueblos originarios; todo es simulación y corrupción, simple demagogia política e hipocresía social. El sistema de castas sigue imperando y esta vigente; ahora es más sutil e hipócrita, pero no menos feroz.


III. LA IDEOLOGÍA CRIOLLA.


¿Qué es la nación mexicana? ¿Cómo se formó y cuando? ¿Cuáles fueron los verdaderos motivos e intereses? Sí no conocemos el pasado, no podremos entender el presente y mucho menos diseñar nuestro futuro. Los pueblos amnésicos están condenados a repetir permanentemente sus errores y vivir permanentemente "en el laberinto de la soledad". Los Estados Unidos Mexicanos nacieron en 1821, cuando se consuma la larga Guerra de Independencia, de este modo estaremos cumpliendo este año apenas 180 años que vivimos en un Estado-Nación.


Antes, ¿cómo vivimos? De 1521 a 1821, el territorio que hoy ocupa la mitad de Estados Unidos, gran parte de Centro América y México, conformó el Virreinato de la Nueva España, perteneciente a la corona española. Es decir, fuimos una "colonia" de España.

La colonización implica explotación. ¿Qué fuimos antes? Bueno, lo que hoy es México, fue la cuna de una de las seis civilizaciones más antiguas de origen autónomo del mundo. Se supone que aproximadamente en el año seis mil a.C. nuestros Viejos Abuelos toltecas inventaron la agricultura, el maíz y la milpa, con este fabuloso tesoro de conocimientos se inició el largo asenso de la especie humana en esta parte del mundo.

Comenzamos desde ser bárbaros, nómadas, cazadores, recolectores; pasamos por el largo período de la sedentarización, aproximadamente cuatro mil quinientos años, hasta llegar al inició de la primera cultura del Anáhuac, llamada olmeca, situada entre Veracruz y Tabasco. En efecto, los olmecas inician su cultura en el año mil quinientos a.C. En La Venta y Comalcalco, se hacen las primeras construcciones monumentales y se esculpen las famosas "cabezas olmecas". Este primer período termina en el año 200 a.C. y se le llama Preclásico o formativo.

Casi seis mil años de inventar absolutamente todos los conocimientos en las áreas de las matemáticas, geometría, astronomía, filosofía, ingeniería, arquitectura, medicina, botánica, zoología, alimentación, salud, educación, lingüística, y construir un complejo y justo sistema social, un lenguaje artístico y una estructura místico-religiosa; que serán los cimientos para desplantar la soberbia construcción espiritual que fue el período luminoso llamado clásico o del esplendor, que va del 200 a.C., al 850 d.C. aproximadamente.

En estos mil años, los Viejos Abuelos toltecas estructuraron, implementaron y decantaron un maravilloso y extraordinario proyecto social, que indudablemente estaba dirigido a desarrollar el potencial espiritual de los individuos a través de la búsqueda de la trascendencia espiritual de la vida material.


Este ha sido el mayor objetivo de los pueblos sabios y milenarios en la historia de la humanidad, con excepción de los europeos, que siempre han estado en la búsqueda del desarrollo de la materia a través del comercio y la guerra. En efecto, Mesopotamia y Egipto primero y después, China, India, la Zona Andina y México, que son las civilizaciones más antiguas de la humanidad, han ubicado en la punta más alta de su aspiración, la trascendencia espiritual de la vida material.


Los llamados Toltecas en el período clásico o del esplendor, lograron la cúspide de su proyecto social e inexplicablemente, alrededor del año 850 d.C. destruyeron sus centros de conocimientos, hoy llamados zonas arqueológicas, las cubrieron de tierra y literalmente desparecieron de la faz de la tierra. Este es uno de los grandes misterios de la Historia Universal.


Del año 850 d.C. a la llegada de los españoles en 1519 transcurrieron 669 años que se conocen como el tercer período llamado Postclásico o decadente. En el abandono de sus grandes maestros, los pueblos del Anáhuac transgredieron las normas morales, éticas y sociales que había implantado el Venerable Maestro Quetzalcóatl. A final de este período llegaron los aztecas del Norte. Pueblo nómada y bárbaro que ni siquiera hablaba náhuatl. De la nada y en poco tiempo los aztecas se culturizaron con los pocos remanentes de sabiduría que quedaban de los toltecas y en 1325, fundan la ciudad de Tenochtitlán, apenas 194 años antes de la llegada de los españoles. Los aztecas harán la primera "reforma educativa" y mandan quemar los códices antiguos donde se recogía la sabiduría tolteca y cambian la historia, quedando ellos como el pueblo elegido y desconociendo las enseñanzas de Quetzalcóatl y suplantándolo por su dios tribal llamado Huitzilopochtli. Esta trasgresión la pagarán muy caro con la llegada de Cortés quien usurpó la imagen de Quetzalcóatl y la usó para realizar la conquista.


Sí los historiadores no mienten, resulta que lo que hoy es el territorio nacional tiene una antigüedad cultural de aproximadamente 8000 años de los cuales, 7500 son de origen anahuaca o indígena, pues los Viejos Abuelos le llamaban a su tierra el Anáhuac y ellos en consecuencia eran anahuacas. Después siguieron 3 siglos de quedar sujeta a la corona española como una colonia llamada Virreinato de la Nueva España. Después han seguido casi 2 siglos de vivir en lo que hoy conocemos como la República Mexicana.


De esta manera podemos apreciar que los primeros siete milenios y medio vivimos en un proyecto social construido por una civilización que ponderaba los valores colectivos y espirituales, con sus altos y sus bajos, pero donde se encuentra los más sólidos y profundos cimientos de todo cuanto en verdad somos. Después vienen 3 siglos donde el proyecto es de explotación de los pueblos vencidos y la depredación de sus recursos naturales con el único fin de hacer riqueza, tanto para los españoles, como para la corona. En esos 300 años España nuca implementó un proyecto de desarrollo para mejorar la vida de los pueblos invadidos y vencidos. Las leyes, las instituciones y las autoridades implantadas por la corona buscaron solo "regular" las relaciones de explotación entre españoles, pues en el estricto Sistema de Castas, los indígenas y los negros casi no tenían derechos y sí los hubo, poco caso se les hacía. Las leyes que venían de España y que procuraban defender a los indios de la feroz explotación y de la injusticia, acababan en el clásico "acátese, pero no se cumple" de las autoridades virreinales.


Después de la traición de los criollos a sus parientes los españoles en 1810, donde los conspiradores desesperados por haber sido descubiertos, involucraron a los indígenas a través del cura Hidalgo a que se levantaran y mataran gachupines. Después de 3 siglos de injusticias, bastó para que un cura llamase a la insurrección a los resentidos y agredidos pueblos indígenas en contra de sus opresores, los gachupines.


Los criollos utilizaron a los indígenas para destituir del poder a los españoles peninsulares. La guerra de Independencia no fue contra España, sino contra los gachupines que tenían el control total del Virreinato, toda vez que el Rey de España estaba preso en Francia, ya que Napoleón Bonaparte había invadido España y la gobernaba su hermano "Pepe botella".


Los criollos lograron la independencia política de España, pero mantuvieron el sistema colonial de explotación de los pueblos invadidos y despojados. Durante el siglo XIX los criollos se dividen en dos bandos, conservadores y liberales, masones escoceses y masones yorkinos, en centralistas y federalistas, en monárquicos y republicanos o como dice el historiador Harlod D. Sims, en "criollos cosmopolitas" simpatizantes de los españoles y los "criollos nativistas" enemigos de los españoles. Los dos bandos crearon una nación "para ellos", donde los mestizos "se metían a fuerzas", pero no eran bien vistos y definitivamente los pueblos indígenas no tenían ningún espacio en esta "nueva nación" como las que estaban surgiendo en Europa. Paradójicamente fue un indígena y un mestizo quienes lograron consolidar el proyecto criollo a finales del siglo.


En el siglo XX, los "criollos cosmopolitas" fundamentalmente se dedicaron a los negocios y los "criollos nativistas" a la política, sin embargo, a finales del siglo y por factores internos (la corrupción, la pérdida de la credibilidad y los excesos) y externos (el neoliberalismo y la globalización), hacen que los "criollos cosmopolitas" tomen el gobierno y la política.


El tercer milenio se inicia con un gobierno de criollos cosmopolitas, donde los mestizos han perdido casi toda su identidad cultural y han quedado como "indefensos extranjeros incultos en su propia tierra", ajenos a sí mismos, permanentemente exaltando lo ajeno y despreciando lo propio, creyéndose auténticos "hijos del canal de las barras y las estrellas", aspirando a convertirse de “fastrac” en gringos de tercera.


Iniciamos el siglo XXI en guerra contra los pueblos indígenas, contra los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos, contra los auténticos herederos del Anáhuac a quienes los criollos, ahora unidos, no les permiten ninguna oportunidad de desarrollo y bienestar, donde les escamotean legaloidemente sus más esenciales derechos a existir como pueblos y culturas.


Unidos los criollos y en misión divina defenderán hasta el ultimo hombre, esta "su patria". Conservadores y liberales, centralistas y federalistas, panistas y priístas, defendiendo juntos sus intereses y el derecho, “su derecho”, al despojo, al engaño, a la explotación, defendiendo juntos la usurpación histórica de su ideología y su poder. Fernández de Cevallos, Calderón, Bartlet, Jakson y Ortega, son un claro ejemplo de la ideología criolla, en su lucha histórica en contra de los pueblos indígenas de México.


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