lunes, 22 de septiembre de 2008

LA EXPULCIÓN DE LOS ESPAÑOLES EN 1828.



Un pueblo que no conoce su historia esta condenado a repetirla. Los invasores españoles en 1521 intentaron destruir la milenaria civilización del Anáhuac y sobre sus escombros crearon una Colonia de la corona española. Durante 300 años impusieron un feroz sistema de castas donde los peninsulares tenían todos los derechos y todas las oportunidades para explotar a los indígenas y depredar sus recursos naturales, haciendo a un lado a los españoles nacidos en estas tierras.

En efecto, los criollos fueron españoles de segunda en la Nueva España, no podían ejercer los cargos más altos del gobierno, el ejército, la iglesia y por supuesto, que estaban de segundones en la actividad comercial, minera y agropecuaria. Es por ello que los criollos iniciaron la Guerra de Independencia, que en su inicio jamás pretendió separarse de España, sino quitarles el poder a los "gachupines" y por supuesto que nuca concibió acabar la explotación y la injusticia que se cometía en contra de los indígenas.

Los criollos utilizaron a los indígenas y explotaron a su favor, el odio y resentimiento acumulado en 300 años de atrocidades, traicionando a los peninsulares provocando grandes matanzas de estos a manos de los incontenibles indígenas. Cuando caen los criollos conspiradores, toman la estafeta los mestizos como Morelos y Guerrero, quienes buscan verdaderamente crear una nación independiente. Sin embargo, 10 años después de luchas intestinas, los gachupines arman a un formidable ejército para acabar la última flama que quedaba en las montañas del Sur. Guerrero no tenía un ejército, su grupúsculo armado era un sistema de guerrilla que sobrevivía con muchas dificultades y estaba pronto a desaparecer.

Pero los gachupines cometieron un grave error, para poner fin definitivamente a la lucha insurgente armaron a un poderoso ejército y pusieron al frente de él a un criollo. Fue Iturbide quien traicionó a los peninsulares y con el abrazo de Acatepan y el Plan de Iguala, toma la Ciudad de México y consuma la independencia.

Con los tratados de Córdoba los criollos ponen fin al dominio español en la colonia, sin embargo, España no acepta la capitulación y mantendrá, no solo el estado de guerra con su "colonia rebelde", sino que a través del Fuerte de San Juan de Ulúa, bombardearán periódicamente a la ciudad de Veracruz e impedirán el uso del puerto para el comercio regular.

Los criollos pretenden crear una "nación-estado" como los que en esos momentos estaban naciendo en Europa. Sin embargo, cometen muchos errores y se dividen en dos bandos, combatiendo entre sí, la mayor parte del siglo XIX. En efecto, unos criollos era llamados "cosmopolitas", quienes veían con buenos ojos a sus parientes gachupines y otros criollos, llamados "nativistas", eran quienes veían en los gachupines a los enemigos de la naciente nación. En efecto, los gachupines no aceptaron tan dócilmente la pérdida de sus privilegios y mantenían la esperanza de que España, pronto viniera en defensa de ellos y sus derechos sobre la colonia. Por lo cual mantenían un estado clandestino de conspiración en todo el país, la cual llegó a su punto más alto con la intentona subversiva del fraile Arenas y los generales gachupines Negrete y Echávarri en 1827.

Por su parte el rey de España apostaba a la incapacidad de gobernarse de los criollos y pensaba que inevitablemente los desbalagados súbitos volverían a la monarquía y al imperio. Otro factor importante en la construcción de la nueva nación serían las logias masónicas. En efecto, el rito escocés llegó a la colonia a través de los oficiales del ejército español que se estacionó en la colonia. Las logias escocesas fueron en los primeros años de la naciente república la cantera de los conservadores y los pro-españoles llamados "cosmopolitas". Las logias yorkinas fueron instauradas inmediatamente después de la independencia y su principal promotor y protector fue el embajador de Estados Unidos, el señor Joel Poninsett. Los yorkinos fueron los liberales y nativistas que pretendían expulsar a los españoles y apoyarse en el mundo anglosajón.

La nación mexicana nace como un proyecto criollo, en donde se mantiene disfrazado el sistema colonial de explotación, sólo que ahora los criollos ubicados en la cúspide de la pirámide de explotación, los mestizos como segundones y los indios se mantenían sin ningún derecho y posibilidad real de mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, los criollos nunca tuvieron la capacidad, empuje y convicción de los gachupines. La ambición por el poder de los criollos era proporcional a su incapacidad y limitaciones. A lo largo de 300 años de estar en los mejores puestos, habían hecho a los españoles de otra madera. En cambio los criollos en general, eran ineficientes, inexpertos y no estaban dispuestos a "sudar el trabajo", como lo venían haciendo sus parientes los gachupines.

Así que cuando, por un "plumazo", la sociedad colonial se convierte en la sociedad de la nueva república, resulta que los mejores puestos de la administración pública y las mejores posiciones económicas estaban en manos de españoles "nacionalizados" mexicanos por el Plan de Iguala y los tratados de Córdoba, con los que se consuma la independencia.

Es esta la razón por la cual los criollos de las logias yorkinas se lanzan en la persecución de los españoles y piden su expulsión. Nuevamente los criollos traicionan a sus parientes gachupines y por la envidia y el odio de sus riquezas y posiciones, lucharan años hasta lograr su expulsión, de lo que los criollos llaman "su patria". Esta expulsión marcará para siempre al proyecto de nación de los criollos, que salvo cuando la gobernó un mestizo, pudo tener una solvente economía y una eficiente administración pública. En efecto, Porfirio Díaz logró a finales del siglo XIX, no sólo dejar de vivir prestado, sino que entregó el país en "números negros". La expulsión de los españoles en 1828, marcará el inicio de las "fugas de capitales" y los empresarios y comerciantes se irán de México con sus capitales. La traición y la avaricia de los criollos dejaron en banca rota a su gobierno y a su naciente país. Al no haber capital trabajando, no se generó la riqueza y por consiguiente el gobierno no captaba impuestos. Las finanzas públicas de la nación criolla iniciaron mal y continuaron peor, debido a que los criollos en el poder se dedicaron a hacer dispendios y la corrupción sentó sus bases más cínicas. La cleptomanía de los criollos ha sido su más profunda pasión.

Entre guerras fratricidas, los criollos de ambos bandos, le pedían constantemente préstamos a Francia, Inglaterra y España para pagar los intereses dejados de otros gobiernos y tener liquides para gobernar. Esto llegará a un estado de crisis en el gobierno de Juárez, donde las naciones prestamistas apostarán sus armadas en Veracruz, para obligar al pago puntual de sus intereses. Es en estos momentos, cuando la patria estaba amenazada y los inefables usureros pedían la intervención armada en garantía del pago de sus leoninos intereses, que la presencia nacionalista y patriótica del indígena zapoteco de Guelatao supo enfrentar su voracidad con valentía y dignidad. En efecto, Benito Juárez es el ejemplo que debería inspirar a nuestros actuales gobernantes que desde los tiempos de Miguel de la Madrid, prefieren pagar puntualmente los intereses de la deuda que crecer, que aceptan de rodillas los mandatos del B.M. y el F.M.I. a consta de el sufrimiento y la pobreza de millones de mexicanos y que impunemente entregan a la patria y a sus hijos a los dictados de la política neoliberal y "su nuevo orden internacional".

El gobierno del presidente Guadalupe Victoria expulsará definitivamente a los españoles de México con la ley del 20 de diciembre de 1827. Los criollos, no solamente traicionaron a sus parientes en 1810, incitando a los indígenas a una lucha armada en contra de los gachupines, sino que al término de la Guerra de Independencia, por su avaricia y envidia, traicionarán de nuevo a sus parientes y los expulsarán, condenado "su nueva nación" a la bancarrota y al endeudamiento externo.

Después de la revolución en los comienzos del siglo XX, los criollos conservadores se dedicarán de lleno a los negocios y dejarán que los criollos liberales se queden con el mundo de la política. Mantendrán simbólicamente al PAN en el juego político, pero más que nada, como vocero de sus intereses e ideología. Al final del siglo XX los criollos liberales habrán desgastado a su partido el PRI y aceptarán, en el nuevo orden internacional, entregar pacíficamente el poder a los criollos conservadores, que apoyados desde afuera, "globalizarán" a su patria a través de manejarla como una gran empresa refresquera.

Es curioso observarlos, tanto a los criollos conservadores como a los liberales, como se unen en "misión divina", cuando los pueblos originarios de estas tierras, intentan recuperar sus más mínimos derechos como pueblos y culturas. Después de 180 años, los criollos prefieren entregar "su patria" a sus amos explotadores de afuera, o sea al capital financiero supra nacional a través de la llamada globalización e implantación del neoliberalismo, sea esto regalar el sistema bancario a los extranjeros, la generación de electricidad a los españoles o el petróleo a los norteamericanos; que en el poder legislativo se reconozca después de 500 años, los derechos innegables que tienen los más genuinos hijos de los hijos de los Viejos Abuelos toltecas.

Los criollos a lo largo de estos 180 años de existencia “de su patria”, han traicionado a sus parientes europeos, pero también han mantenido en la más inmisericorde explotación a los indígenas y en la enajenación brutal a los mestizos.

La verdad es que este "México imaginario" de los criollos esta desmoronándose y se nos deshace en las manos a pedacitos, lo que quedará de este remedo de nación criolla, será el "México profundo", base inalterable de lo que hemos sido, somos y seremos como pueblo y nación. La única salida que tienen los criollos es reconocer los derechos de los pueblos indígenas y juntos, con los mestizos, construir una nueva nación. Sin embargo, al parecer, los criollos prefieren TRAICIONARSE A SÍ MISMOS, que reconocer la existencia del México profundo, del México indígena, del México nuestro.

VIII. COLOFÓN.

Los mexicanos debemos "repensar nuestra historia" y desmantelar la anquilosada "historia oficial", que sólo ha servido para mantener el orden colonial y validar a los criollos en el poder. Debemos investigar exhaustivamente, con otros ojos y con otra mente, la conformación de la nación mexicana, para liberar al pueblo de la ignorancia de sí mismos. Debemos de luchar contra el colonialismo mental, espiritual y cultural con el que hemos construido, con nuestra sangre y con nuestro dolor, esta patria que no es nuestra, pues en la demagogia es de todos, pero en la práctica sabemos que es de unos cuantos.

El criollismo es una ideología. No todos los extranjeros y sus hijos comparten este pensamiento y esta forma de vivir. Tenemos maravillosos ejemplos como el de Gonzalo Guerrero, Francisco Javier Mina o recientemente los españoles exiliados por la guerra civil y el franquismo. Por que también, existen muchos indígenas y mestizos que son feroces colonizadores del pueblo, de sus propios hermanos y enemigos de su Cultura Madre. El sistema colonial en el que vivimos actualmente en México, indiscutiblemente que encuentra sus más antiguos cimientos en la ideología criolla. El revisar nuestros más antiguos problemas culturales, el aceptar abiertamente nuestros problemas, es el primer paso para resolverlos.

La injusticia, la explotación y la miseria de millones de mexicanos, encuentra sus más remotos orígenes en el racismo, el clasismo y en la negación de la otra parte que nos conforma, nuestra Cultura Madre. Los mexicanos no podremos construir una nación justa, sino desmantelamos el complejo sistema colonial y su acendrada ideología criolla. (2001)