sábado, 6 de junio de 2009

ANULAR EL VOTO ....La tormenta que derramó el vaso.


Cada día más gente se da cuenta en todo el mundo, que la “democracia electorera” es el engaño más pernicioso con el que los dueños del dinero, “los mercaderes”, gobiernan los pueblos en favor de sus perversos intereses, a través de sus “empleados-títeres” llamados políticos.

Efectivamente, en México, cada día las grandes masas llamadas “pueblo”, se ven más pobres, con más dificultad para tener un trabajo, cada día se reducen o pierden las prestaciones laborales, el costo de la vida se encarece, el Estado no solo los abandona, sino se pasa abiertamente del lado de los poderosos grupos empresariales. El Estado ha asumido una posición de esquirol o antimotines de los intereses de los ricos del mundo.

Ante las próximas elecciones, ha empezado a surgir un movimiento ciudadano de carácter espontáneo para que, el ciudadano común, anule su voto como rechazo al sistema político que nos gobierna. Es el único recurso que tiene, pues “la mafia institucional” no lo permite tener “candidatos ciudadanos”.

La única forma que tiene el ciudadano común de decir “ya basta” a tanta ineptitud, corrupción y cinismo, de toda la clase política que se ha apropiado del BIEN COMÚN más valioso del pueblo, que es SU GOBIERNO, es anular su voto y no “legalizar” un sistema explotador del pueblo, de cualquiera que sea el color del partido que este en el poder.

En efecto, a los mercaderes y sus empleados, los políticos, se les olvida que “EL GOBIERNO” le pertenece al pueblo. Es el “bien común” más preciado porque con él, se asegura el bienestar, desarrollo y destino de la Nación.

El problema surge cuando un puñado de sátrapas, se adueña del gobierno y ponen a trabajar en él a sus empleados. Las elecciones solo son la manera en que el pueblo valida a los “empleados” de los mercaderes, y cree que con esta acción es libre y se autodetermina su destino. Totalmente falso.

El IFE trata de hace creer al pueblo (con los miles de millones de pesos gastados en publicidad) que con su participación en las elecciones (votando y siendo funcionario de casilla), esta cumpliendo con una “acción ciudadana” que le asegura bienestar y futuro, para él, su familia y su comunidad. Pero eso, como se ha visto, es totalmente falso. Además, con nuestro dinero pagan costosas elecciones fraudulentas, pues todos hacen trampa contra todos. Los que votan solo aseguran trabajo bien pagado a la burocracia electorera. Espléndidos salarios, gratificaciones y bonos a los empleados de los mercaderes que trabajan como: presidentes, diputados, senadores, y por supuesto, mantener y legalizar el poder de los dueños del dinero. El sistema esta inmerso en la corrupción desde su base.

En primer lugar, los partidos son instituciones corruptas, que luchan internamente y externamente por el poder: la ideología, los valores, el pueblo, la Nación, no les interesa. En segundo lugar, los candidatos los ponen los que tienen el poder, es decir, el dinero. Por esta razón la gente decente y honorable no se mete en política. La política se sustenta en la corrupción y la demagogia. Corrupción, porque para ser candidato tiene que estar “muy bien apoyado” con influencias en el poder político y “con dinero” para pagar los altos costos de las campañas. Demagogia, porque los candidatos prometen defender los intereses de los votantes, pero cuando son elegidos, obedecen ciega y mansamente a los intereses de quienes los pusieron verdaderamente en el poder.

La democracia es la manera “legal” en la que los dueños del dinero someten “un bien público” a favor del “interés privado”. Anular el voto es demostrarle a los dueños del dinero que no nos engañan. Que la democracia es un perverso mecanismo para someter a los pueblos a los intereses mezquinos de la iniciativa privada, local y foránea.

No solo basta decir no a esta farsa, que malignamente pone a luchar a hermanos contra hermanos por un poder ilegítimo. Se debe pensar cuál puede ser una forma de gobierno y administración para lograr el bienestar, la justicia y el desarrollo de toda la sociedad. Nos han engañado con el dogma de que “la democracia es la mejor forma de gobierno”. La pequeña historia de la democracia electorera que nació apenas en 1776 con la creación de Estados Unidos, en poco tiempo ha llevado al planeta a un crisis mundial, no solo por la injusticia en el reparto de las oportunidades y la riqueza, sino por la estúpida forma de depredar la naturaleza y enajenar a los seres humanos en un consumismo suicida y estéril.

Tal vez, sería muy interesante buscar en la milenaria experiencia humana, antiguas formas de gobierno que, sean más humanas, justas y que propicien un desarrollo biófilo del mundo y la vida. Debemos de romper el paradigma.