martes, 12 de marzo de 2013

EL CONCEPTO DE “LO CRIOLLO” EN UNA SOCIEDAD COLONIZADA



En general en México y en casi todos los países “latinoamericanos” cuando una persona usa el adjetivo de “criollo” es para afirmar que es “propio, autóctono, del lugar”, por ejemplo: maíz criollo, gallina criolla, perro criollo.

En casos como Venezuela, se llega a sustentar el concepto de identidad nacional en “lo criollo”, de modo que cuando en México afirmamos que “el equipo azteca de fútbol”, en Venezuela se refieren al “equipo criollo”. 

Pues bien, criollo literalmente se refiere a lo contrario. Cuando llegaron los primeros españoles a América y para el caso concreto de México, los hijos de un matrimonio de españoles que nacieran en La Nueva España, eran considerados “criollos”.

En efecto, en el periodo colonial se implementó el Sistema de Castas en donde el primer lugar lo tenían los “gachupines”, es decir, españoles nacidos en España. El segundo lugar era justamente para los criollos, es decir, hijos de españoles nacidos en el Virreinato, por lo cual eran “españoles de segunda” y después todas las demás mezclas hasta "el torna atrás". 

Es decir, que no podía ocupar los puestos más importantes en el Sistema Colonial en la administración pública, en la iglesia, en el ejército, y por supuesto, en la “rancia, clasista y racista” sociedad novo hispana.


Desde los primeros años de la Colonia, primero los conquistadores, y después sus propios hijos y nietos, empezaron a desarrollar un rechazo hacia los españoles que recién llegaban al Virreinato con altos puestos otorgados por la corona española, que los ponían por encima de ellos.

Estos hijos y nietos de conquistadores, así como los primeros colonizadores vieron con frustración que los españoles recién llegados los estaban desplazando, no solo en la administración colonial, sino en el comercio y en general de la vida social de la Colonia.

Influyó mucho en México el intento de traición de Hernán Cortés, quien pretendió traicionar a la corona española y crear su propio reino en el Anáhuac. La historia hispanista echa mucha tierra al asunto para “limpiar la imagen de Cortés”, pero la verdad es que por esta razón se le instruyó el famoso “Juicio de Residencia”, lo que lo obligó a irse a España y dejar su conspiración pendiente.

Pero sucedió que Martín Cortés, hijo del conquistador, también pretendió llevar a cabo los planes paternos y algunos conquistadores que perdieron sus encomiendas y los favores de la corona. 

Recuérdese que para los primeros años de la Colonia, los que verdaderamente tenían la maquinaria de poder en el Anáhuac eran los “aliados de los españoles”, y además, según la cultura militar de los mexicas, quienes eran vencidos se incorporaban a los vencedores en calidad de aliados.


Esto es muy importante tomarlo en cuenta para “re-construir” la Historia del Anáhuac, porque la verdadera conquista comenzó con la caída de México-Tenochtitlán (y sigue hasta la fecha). Los pocos españoles que había, encabezaron ejércitos de anahuacas que eran dirigidos por indígenas anahuacas.


De esta manera las “conquistas españolas” en verdad eran hechas por los ejércitos de aliados, razón por la cual no solo vencieron militarmente, sino lo más importante, hicieron los poblamientos, especialmente en el Norte, pero también en el Sur. La fundación de la ciudad de Oaxaca es un ejemplo de ello con sus “barrios” de Xochimilco, Jalatlaco, San Martín Mexicapan y San Juan Chapultepec, todos por pueblos nahuas del Altiplano aliados de los españoles.


Pero volviendo al punto del concepto criollo, diremos que, los criollos desplazados y resentidos empezaron a engendrar un sentido de identidad frente al gachupín durante tres siglos que culminó con el estallido social llamado con eufemismo por la Historia Oficial, -“Guerra de Independencia”-, es decir, los criollos traicionaron a sus parientes los gachupines y levantaron a los anahuacas en contra de ellos. Cuando Hidalgo dice en Dolores “es hora de matar gachupines” el estallido social da inicio.

Desde el Siglo XVIII criollos como Francisco Javier Clavijero empiezan intelectualmente a construir una “identidad criolla” frente a sus parientes los gachupines. Esta “identidad” se sustenta en que “esta tierra y sus naturales” les pertenecían verdadera y justamente a los criollos, porque sus antepasados habían derrotado y conquistado “al imperio azteca”.

Así pues, “lo criollo era lo original”, lo verdadero, frente a lo gachupín que era “lo de afuera”, lo llegado, lo impuesto, lo “exógeno”. Por eso durante la Colonia y llega de alguna manera hasta nuestros días, existen dos conceptos que aparentan –por la colonización mental y cultural- ser opuestos. Lo criollo frente a los castizo o de Castilla. 

De esta manera existían productos venidos de Castilla, es decir, España, y productos propios de estas tierras anahuacas. Por lo cual tenemos productos criollos frente a los traídos de Castilla. Así se decía, por ejemplo: rosa o nuez de castilla, frente a un maíz criollo.

Sin embargo, tanto en el periodo colonial (1521-1821) como en el periodo neo-colonial (1821-2013), los criollos se han caracterizado por ser ineptos, corruptos, inmediatistas y traidores “a su patria”. Antonio de Pauda Severino López de Santa Anna y Pérez de León, Miguel Gregorio de la Luz Antenógenes Miramón y Tarelo, Carlos Salinas de Gortari y Vicente Fox Quesada, por citar algunos.


La colonización mental y cultural hace suponer al pueblo que “lo criollo” es la perteneciente o nacido de esta tierra, “lo original”. Lo indígena o anahuaca ni siquiera cuentan. Así desaparece la milenaria civilización del Cem Anáhuac y el pasado del país es solo “lo colonial” y en la historia personal todo mundo habla de “los abuelitos españoles”. Muy poca gente en este país se jacta, se enorgullece de ser indígena, y menos aún, anahuaca.


Esto explica por qué en la Historia Oficial de la SEP, los siete mil quinientos años de desarrollo humano de los pueblos originales apenas ocupan algunas páginas de sus libros de historia y, la “Historia Grande de México”, inicia con la caída de la México-Tenochtitlán y es una permanente exaltación de lo hispánico.

El objetivo es borrar de la mente del pueblo a sus Viejos Abuelos y desaparecer o disminuir al máximo a una de las seis civilizaciones más antiguas e importantes del planeta. Es tanto como si en la India, la historia oficial, arrancara con la invasión inglesa, y además, que todos los indios sintieran vergüenza de su pasado y todos presumieran a “su abuelito inglés”. 

Los actuales (mal llamados mexicanos) habitantes de este país, somos cultural y racialmente mestizos. Aquí existe la innegable y rotunda presencia de África y Asia, no solo de Europa. No existe ningún “mexicano puro” y menos un “indígena puro”, eso de la “pureza racial y cultural” es sinónimo de ignorancia y racismo.

Pero no cabe duda que para la gran mayoría de ciudadanos de este país, la influencia más grande de nuestro mestizaje cultural viene de la civilización Madre. Por la colonización cultural, el pueblo ha sido sumido en la ignorancia y desprecio de sí mismo.


Pero debería ser al contrario, los “mexicanos” con mayor influencia cultural anahuaca, en su forma de ver y entender el mundo y la vida, deberían estar más orgullosos que nadie, de ser portadores de este milenario y valioso legado cultural.


El punto es, por una parte, que quienes tienen el poder económico, político, religioso y cultural del país… "casualmente" son los criollos. Y en segundo lugar, que en estos dos siglos se ha creado una ideología criolla, es decir, la que nos lleva a la despiadada explotación y depredación de la gente y los recursos naturales, sin ninguna compasión y con todo el cinismo.


En efecto, la ideología criolla de explotación y depredación vive y mueve a todos los abusivos, deshumanizados y despiadados, sean los pavorosos caciques indígenas, los desculturizados mestizos, los exquisitos criollos o los invisibles extranjeros que solo ven por su interés personal, de grupo político o empresarial y de sus “patrones trasnacionales”.


Porque, “el criollismo”, es una cuestión ideológica y cultural, no racial. Han existido, -y siguen existiendo, extranjeros e hijos de extranjeros que han dado lo mejor de sí, y hasta su propia vida, por la gente y la cultura del Anáhuac, comenzando con Gonzalo Guerrero, Francisco Javier Mina o los intelectuales españoles  refugiados de la Guerra Civil.


Conclusión: el uso del concepto CRIOLLO para referirnos a lo propio-nuestro, es un garrafal error producido por la ignorancia y la colonización mental y cultural. Luego entonces, si “lo propio-nuestro” no es lo criollo, por fuerza necesaria tendrá que ser lo anahuaca o del Anáhuac.