miércoles, 17 de diciembre de 2008

OCTAVIO PAZ Y SU PERCEPCIÓN DEL MÉXICO INDÍGENA.


“Don Juan
nunca se cansaba de repetir que ya sea como eruditos
o como legos somos miembros y herederos de la tradición
de Occidente, lo cual significa que, independientemente de nuestro
nivel de educación y sofisticación, somos prisioneros de esa tradición
y su manera de interpretar la realidad”.
Florinda Donner.


México es un país con dos realidades en lucha permanentemente, a veces de manera estridente y sangrienta, otras veces, silenciosa y subterránea, pero siempre manteniendo estados de tensión dinámica.
Dos visiones del mundo diferentes, dos posiciones irrenunciables, dos maneras de entender el mundo y la vida. Una que viene desde el inicio de la civilización Madre, miles de años antes de la era cristiana y la otra que llegó con los europeos.

A lo largo de más de siete mil quinientos años los pueblos originarios crearon sus culturas, que en conjunto forman parte de la civilización del Anáhuac. Esta civilización, que es una de las seis más antiguas y con origen autónomo de la humanidad, creó a lo largo de milenios sus propias instituciones, leyes y autoridades, que le permitieron impulsar, organizar y regular su Desarrollo Humano.

Sin embargo, a partir del 13 de Agosto de 1521 los europeos condenaron a la destrucción y a la negación a la civilización vencida. Desde la misma destrucción de México-Tenochtitlán que en su momento era la ciudad más grande del mundo, pasando por la destrucción de sus instituciones, leyes y la deposición de sus autoridades; la negación de sus sistemas: alimentario, de salud, educativo y de organización, hasta llegar al mismo genocidio.

A partir de 1521 los europeos no tomarán en cuenta a la civilización vencida, sin embargo, usarán y explotarán exhaustivamente todos sus conocimientos y recursos. Durante los tres siguientes siglos la única preocupación de los españoles es cristianizar a los naturales y en los siguientes doscientos años, los criollos tratarán sucesivamente de civilizarlos, integrarlos y modernizarlos. Siempre serán una carga, un lastre pesado para alcanzar su proyecto civilizatorio que permanentemente ha excluido a los vencidos y tiene los ojos puestos en el extranjero.

De este modo, en México desde 1521, la “CULTURA”, ha sido la Occidental y la de los vencidos, sólo ha sido folclor. El “ARTE” ha sido de Occidente y la artesanía de los vencidos. La “MEDICINA” del europeo y la brujería del indígena. La “HISTORIA” ha sido la de Europa, las leyendas y los mitos de origen, la memoria de los pueblos originarios. Y así, en todos los campos del conocimiento humano. Se dijo en la época colonial y se mantiene hasta la actualidad que, “los indios no son de razón”. El movimiento insurgente de los indios mayas de Chiapas, es un claro ejemplo de como la cultura dominante no acepta que exista “una inteligencia indígena” y para ellos el Subcomandante Marcos y el ex obispo Samuel Ruiz dirigen y utilizan a “los indios”.

A diferencia de los colonizadores ingleses en Norteamérica, que desde un principio quisieron liberarse de Europa y crear “un nuevo mundo”, rompiendo con los caducos moldes de ultramar. Los colonizadores españoles pretendieron crear una extensión de España en México y asumir una supuesta “nobleza” a pesar de la dudosa honestidad de su riqueza y lo oscuro de su árbol genealógico. El colonizador español nunca hizo de México su casa definitiva, sino siempre fue un trampolín temporal para regresar a España cargado de oro, después de haber hecho “la América”. De modo, que siempre importó las ideas y los conocimientos de España, generalmente de manera torpe y tardía, entre otras cosas debido a su ignorancia.

Desde el inicio del periodo colonial, las ideas políticas, sociales, artísticas, científicas, literarias, educativas, venían de España. En el periodo independiente, los criollos ilustrados que desplazaron a los peninsulares en el poder, pusieron sus ojos, su cerebro y su corazón en Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Los criollos jamás vieron hacia adentro y mucho menos intentaron revalorizar a la civilización que les servía de base para construir su realidad.

En el caso especial de los artistas e intelectuales en México, el modelo generalmente siempre ha sido Europa. La mayoría de ellos, “malitos y regulares”, no han hecho más, que copiar e imitar el arte y el pensamiento europeo. Con sus grandes excepciones de aquellos artistas nuestros considerados “universales”, la mayoría copia y hace variaciones sobre las tendencias y búsquedas europeas. Tratamos de ser “europeos” en México copiando mal y tardíamente las modas y las corrientes “de vanguardia”. Pintamos, escribimos, componemos, como europeos. Con sus temas, escuelas y modelos. Queremos “crear” como europeos y lo que producimos en consecuencia es una mala copia. Acaso una “variante interesante”, pero nunca una original.

Es de observar que nuestros artistas e intelectuales han querido llegar a los “espacios universales del arte”, por medio de las manifestaciones de la cultura europea. Misión por cierto literalmente imposible, pues jamás podremos llegar a ser mejor que ellos mismos. No compondremos mejor que Mozart, ni pintaremos mejor que Van Gogh o escribiremos mejor que Cervantes, Goethe, Dante o Shakespeare. Como ningún mariachi sudamericano tocará mejor que una jalisciense o un bailarín profesional bailará mejor la Danza del Vendado que un indígena yaqui o una orquesta sinfónica europea toque mejor La Sinfonía India de Chávez, que la Orquesta Sinfónica Nacional.

El caso del poeta Octavio Paz, Premio Nóbel de literatura, que podríamos considerar el más ilustre de nuestros artistas e intelectuales, que ha sido reconocido en el ámbito internacional, bien puede ejemplificar lo que estamos tratando de argumentar. Hombre que creció en el mundo de “las bellas artes europeas”, que vivió en Francia y en Estados Unidos años muy importantes de su formación intelectual y que es “heredero” del acervo cultural de Europa. Poeta y escritor “culto” que escribió ensayos sobre el “ser” del mexicano y de “lo mexicano”, siempre con “los ojos de un extranjero” para ver hacia adentro de su confusa identidad. Su visión del México antiguo es muy superficial aunque enciclopédica, porque debemos de reconocer que Paz era un hombre con gran capacidad y tremenda información.

A lo largo de la obra de Paz se nota un profundo conocimiento de la cultura Occidental. Sólidas bases de su pensamiento están inspiradas en la cultura grecolatina, francesa, italiana, alemana, inglesa, norteamericana. En sus ensayos es común encontrar las citas en la lengua de autores referidos. Su visión de las culturas -no Occidentales- es muy eurocéntrica, comenzando con la de México. Me permito citar algunos puntos medulares de su ensayo Vislumbres de la India1 que el autor publicó en el año de 1995, ya en la punta de su brillante carrera, con todos los reconocimientos y después de haber
1. Paz, Octavio. Seix Barral S.A. 1995 Barcelona, España.

recibido el Premio Nóbel de Literatura en 1990. Este ensayo lo escribió de los recuerdos y apuntes que tenía de su estancia en la India, donde fue Embajador del Gobierno de México de 1962 hasta 1968.

En Vislumbres de la India, Octavio Paz, hace comparaciones sobre la India y México para explicar la realidad de aquel lejano país, sin embargo, desde nuestro punto de vista, denota una lamentable ignorancia sobre los cimientos filosóficos y culturales de una civilización que Paz no conoció. Da la impresión, retomando a Guillermo Bonfil Batalla, que Paz sólo conoció al México imaginario y que el México profundo fue algo más lejano e indescifrable para él, que la misma India.

“Los pueblos mexicanos no experimentaron nada semejante a la penetración del budismo en Ceilán, China, Corea, Japón y el Sudeste asiático.... Las culturas mexicanas vivieron en una inmensa soledad histórica; jamás conocieron la experiencia cardinal y repetida de las sociedades del Viejo Mundo: la presencia del otro, la intrusión de civilizaciones extrañas, con sus dioses, con sus técnicas y sus visiones del mundo y del trasmundo.
Frente a la vertiginosa diversidad del Viejo Mundo, la homogeneidad de las culturas mexicanas es impresionante. La imagen que presenta la historia mesoamericana, desde sus orígenes hasta el siglo XVI, a la llegada de los españoles, es la del círculo. Una y otra vez esos pueblos, durante dos milenios, comenzaron y recomenzaron, con las mismas ideas, creencias y técnicas, la misma historia. No la inmovilidad sino un girar en que cada nueva etapa, simultáneamente, fin y recomienzo. A Mesoamérica le faltó el contacto con gentes, ideas e instituciones extrañas. Mesoamérica se movía sin cambiar: perpetuo regreso al punto de partida.... Los antiguos mexicanos vieron a los españoles como seres sobrenaturales llegados de otro mundo porque no tenían categorías mentales para identificarlos.” [pág. 107]

Apreciamos en el texto una visión muy pobre y simplista del pensamiento cosmogónico de los antiguos mexicanos. Analiza con la premisa del colonizador, “lo que no es parecido a lo europeo, es imperfecto, carente, insuficiente”. Paz menciona al “Viejo Continente” cuando sabemos que es un solo continente llamado con propiedad Euroasiáticoafricano, porque están unidos, y por lo mismo las emigraciones, invasiones e intercambio de los pueblos que han vivido en esa formidable masa de tierra son numerosas. Sin embargo, Paz no ve el formidable intercambio intercultural que existió en Mesoamérica, donde durante miles de años los pueblos compartieron una misma estructura filosófica-civilizatoria y a pesar del pródigo intercambio cultural, las culturas mantenían sus diferencias. Caso actual de esta premisa lo representa el estado de Oaxaca que actualmente cuenta con 16 culturas y cada una de ellas tiene su propio idioma y aunque viven en estrecha colindancia no toman préstamos lingüísticos.

Paz presupone como negativo que los antiguos mexicanos apreciaran el tiempo [y el desarrollo] de manera cíclica y circular. El hecho de que no apreciaran el tiempo de manera lineal como Occidente, no los hace menos, primitivos o deficitarios. Las nuevas y más adelantadas concepciones científicas nos hablan de una percepción del tiempo y del espacio, más cercana a la de los antiguos mexicanos, que a la de los europeos modernos. El más preclaro filósofo moderno de Occidente, Federico Nieztche, nos habla del “eterno retorno”. Finalmente diremos que el intercambio cultural entre todos los pueblos originarios del continente Americano, fue una realidad que no se ha querido ver. Bástenos apreciar el discurso icnográfico en todos sus diseños, especialmente la cruz que la investigadora Laurette Séjourné ha llamado “el quincunce”, que aparece sistemática y permanentemente en todos los pueblos indígenas del pasado y del presente, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego. Que no seamos iguales al “otro”, nos tiene que hacer, por fuerza colonizadora, menos, parece apreciarse en el texto citado de Octavio Paz.

Más adelante el autor de Vislumbres de la India hace la siguiente afirmación simplista y colonizada en torno a la conquista en México.

“El ejemplo contrario y complementario es el de los pueblos americanos, que no pudieron resistir a los conquistadores europeos: sus culturas desaparecieron, a la inversa de lo que ocurrió con los hindúes, musulmanes y chinos ante el imperialismo europeo. El Choque entre los españoles y los mesoamericanos fue un violento encuentro entre civilizaciones que se resolvió por la derrota de la mentalidad mágica y la cultura ritualista. La inferioridad científica, filosófica, técnica y política de los mesoamericanos no explica enteramente a la conquista.”
[pág. 114]

Estos conceptos vertidos por el más insigne de los intelectuales de México a cinco años de terminar el siglo XX, nos demuestran como la “cultura dominante” sigue negando cualquier valor de la civilización mesoamericana y que menos se “identifica” con ella.
Paz dice que los mesoamericanos no pudieron resistir a los conquistadores europeos. Quien conoce en verdad el proceso de la conquista, entiende que fue producto de la trasgresión filosófica-religiosa que hicieron los aztecas de la Toltecáyotl y el odio que habían logrado inspirar en su contra por los pueblos sometidos por su sangriento imperialismo. La conquista se llevó a cabo gracias a la participación de cientos de miles de guerreros tlaxcaltecas, texcocanos, xochimilcas y demás pueblos que enviaron sus guerreros a pelear del lado del “enviado” de Quetzalcóatl, como se hacía pasar Cortés.

Además, no se puede comparar el momento histórico y las condiciones en que los pueblos asiáticos se encontraban cuando los europeos iniciaron el contacto. Las culturas de Asia eran muy superiores tecnológica, naval y militarmente a las europeas. Los europeos no fueron a “invadir y conquistar”, llegaron en cambio mansamente a comerciar y a importar tecnología que, posteriormente, utilizaron para la invasión de todo el mundo. En China encontraron la pólvora y la brújula, copiando mejoras tecnológicas para sus naves, que posteriormente las convertirán en potentes naves de guerra. La invasión militar de Europa a Asia se dio hasta el siglo XIX, cuando ya habían logrado asimilar y refuncionalizar la tecnología asiática. Es lamentable que Paz, al igual que los ideólogos del siglo XVI como Juan Ginés de Sepúlveda 2, defienda la tesis de que un pueblo guerrero e invasor sea superior al vencido.

“Las personas y bienes de los que hayan sido vencidos en justa guerra pasan a los vencedores. Los vencidos en justa quedan siervos de los vencedores, no solamente porque el que vence en alguna virtud excede al vencido, como los filósofos enseñan, y porque es justo en derecho natural que lo imperfecto obedezca a lo más perfecto...”
[1]3

Sorprende que Paz diga que “el encuentro entre civilizaciones se resolvió por la derrota de la mentalidad mágica y la cultura ritualista”, pues la cultura de los españoles de 1521 era tan mágica y ritualista como la de los antiguos mexicanos. El propio Bernal Díaz del Castillo describe como Cortés llevaba entre sus hombres a un “brujo” y al que acudieron en varias ocasiones para salir airosos de sus lances. Los rituales de las Cortes Medioevales, como las supercherías de los pueblos europeos eran propios de la Edad Media, la época de mayor oscurantismo de Occidente.

No entendemos cómo Octavio Paz puede hablar de una inferioridad científica de los antiguos mexicanos, cuando ya se reconoce que el maíz es un hijo de la ingeniería biogenética en el sexto milenio antes de Cristo nacido en el Valle de Tehuacan y que los mayas inventaron el cero matemático o que el conocimiento de la mecánica celeste era literalmente perfecto y que el calendario Gregoriano que usa actualmente Occidente, fue producto de la modificación que se le hizo al antiguo calendario Juliano, gracias a los conocimientos que llegaron al Vaticano de México.

No entendemos, cómo Paz asegura que los antiguos mexicanos tenían una inferioridad filosófica y técnica, si Occidente no ha reconocido hasta nuestros días que existiera una filosofía mesoamericana, que fuera capaz de estructurar y articular un impresionante desarrollo humano que tuvo un recorrido inalterable, por lo menos de tres milenios consecutivos. En dónde está plasmado el pensamiento filosófico en la historia y la filosofía oficial mexicana. Lamentablemente no existe en los libros de texto oficiales, y si no existe, ¿cómo es posible que Paz diga que ésta era inferior? La Toltecáyotl sigue viva, presente y vigente en el México contemporáneo, pero es más evidente en el “México profundo”, razón por la cual no la “ven” nuestros preclaros intelectuales occidentalizados.

Finalmente Paz asegura que existe una supuesta inferioridad técnica de los antiguos mexicanos frente a los invasores europeos. Como ya dijimos, los europeos fueron a Asia a apropiarse de las tecnologías y les dieron un uso guerrero e invasivo. Hasta la fecha, Occidente avanza tecnológicamente a partir de la investigación militar y las guerras. Pero, si la técnica y el conocimiento mesoamericano no estaban enfocados a los aspectos militares, no necesariamente implicó esto, una “inferioridad” técnica, científica y cultural.
Un buen ejemplo para hacer una, ya de por sí, difícil comparación entre Mesoamérica y Europa, es que en el siglo XVI, los españoles encontraron en México-Tenochtitlán, la ciudad más grande del mundo con aproximadamente un millón de habitantes, mientras París, que era la urbe más grande de Europa en esos momentos apenas contaba con sesenta y dos mil habitantes. Tenochtitlán en el periodo Postclásico decadente, contaba con la cuadrícula que hoy usan las ciudades modernas en el trazo de sus avenidas y calles, que Europa no tuvo de manera regular hasta el siglo XIX. La ciudad de México
tenía agua potable, calzadas, canales, calles. Edificios públicos como: bibliotecas, zoológicos, mercados, bodegas generales, escuelas, baños públicos. La medicina era muy adelantada y conocían la herbolaria para mantener una buena salud, además de las famosas trepanaciones que Europa en ese momento no hacía. Técnicamente los antiguos mexicanos vivían con una mayor calidad de vida, tanto en alimentación como en higiene, además en salud, educación y deporte en relación a los europeos. Aunque ciertamente no disponían de su tecnología militar, pero esto, insistimos, no es suficiente razón para suponer una inferioridad técnica, que sólo existe en las mentes eurocéntricas y colonialistas.

Octavio Paz trata de explicar lo que sucedió en la India en el aspecto religioso, comparando el violento choque religioso que vivieron los antiguos mexicanos. Paz afirma que los indígenas abrazaron la religión cristiana de manera “voluntaria”.

“Voluntaria porque la nueva religión ofrecía a los pueblos mesoamericanos una liberación de la terrible opresión de los antiguos cultos, fundamentados en dos instituciones sangrientas: la guerra perpetua y el sacrificio” [pág. 115]

Paz no se puede ver más colonizador y desconocedor de la historia y la cultura de su propio pueblo. Ante esta afirmación, debemos suponer que para el autor los antiguos mexicanos se sintieron “liberados” por sus conquistadores y que estuvieron oprimidos por antiguos cultos sanguinarios. Por supuesto que nadie avala los sacrificios humanos, pero lo cierto es que los aztecas vivían un periodo de decadencia filosófica y religiosa [por la cuál pudo ser posible la conquista], sin embargo, tendríamos que tomar en cuenta que en la transgredida ideología azteca, la muerte en sacrificio era una “gracia” y una liberación para el espíritu, que llegaba a la vida verdadera por este medio. Algo verdaderamente aberrante pero exactamente igual al que tenían los misioneros españoles que creían que sí morían sacrificados en la difusión de su credo, llegarían al reino de los cielos. Muchos misioneros vivían obsesionados en el sacrifico, que iba desde la autoflagelación hasta la inmolación con infieles, para lograr la gracia celestial. Tanto los indígenas como los misioneros que morían en tal condición, pensaban que era un privilegio. Sin dejar de mencionar la opresión que durante toda la colonia significó la misma institución de la iglesia y la Santa Inquisición; tanto para indígenas como para los propios españoles.

Para Octavio Paz, como para muchos intelectuales mexicanos occidentalizados. La presencia de los invasores europeos fue una epopeya por “civilizar” al mundo primitivo y salvaje, que no tuvo ni ha tenido valor y cabida en su proyecto colonizador, más que de ser la materia prima, la mano de obra barata y sin derechos humanos con la cual construir un “nuevo mundo” para los colonizadores. Los pueblos agredidos, invadidos, saqueados, explotados, violados y escarnecidos, para la mentalidad colonizadora, “salieron ganado” de este proceso histórico.

“No todo fue horror: sobre las ruinas del mundo precolombino los españoles y los portugueses levantaron una construcción histórica grandiosa que, en sus grandes trazos, todavía esta en pie. Unieron a muchos pueblos que hablaban lenguas diferentes, adoraban dioses distintos, guerreaban entre ellos o se desconocían. Los unieron a través de leyes e instituciones jurídicas y políticas pero, sobre todo, por la lengua, la cultura y la religión. Sí las pérdidas fueron enormes, las ganancias han sido inmensas.
Para juzgar con equidad la obra de los españoles en México hay que subrayar que sin ellos –quiero decir: sin la religión católica y la cultura que implantaron en nuestro país- no seríamos lo que somos. Seriamos, probablemente, un conjunto de pueblos divididos por creencias, lenguas y culturas distintas.” [pág. 116]

Creo que no puede haber mayor comentario a este último párrafo, es dramáticamente explícito. Es claro que para algunos intelectuales y artistas mexicanos, que se supone, deberían de ser las “antenas” y los visionarios de su pueblo, en el caso de un país colonizado como México, han estado y están de parte de los colonizadores-explotadores. Mientras nuestros intelectuales y artistas continúen colonizados ideológicamente. Mientras no aprendan a ver su pasado y su Cultura Madre con otros ojos. Mientras no encuentren inspiración en los valores y principios de la milenaria sabiduría de nuestros Viejos Abuelos. Mientras no analicen de manera objetiva el deshumanizado e injusto sistema colonial en el que hemos vivido desde 1521 los mexicanos. Seguirán sirviendo para mantener y perpetuar el sistema y el pueblo no podrá contar con ellos para su descolonización.


Guillermo Marín.
www.toltecayotl.org





Bibliografía.
Bonfil Batalla, Guillermo, México profundo una civilización negada, CIESAS/SEP, México, 1987
Bonifaz Nuño, Rubén, Imagen de Tláloc, UNAM, México, 1988
León Portilla, Miguel, Toltecáyotl, FCE, México, 1983
Marín Ruiz, Guillermo
_Historia verdadera del México profundo, IESO, Oax. México, 2005
_La corrupción en México, como una estrategia de resistencia cultural, ILUSA, Oax. México, 2001
Paz, Octavio, Seix Barral S.A, Barcelona, España, 1995
Séjurné, Laurette, Pensamineto y religión en el México antiguo, Brebiarios FCE, México, 1980

2 Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios. FCE. 1941 México
3 “Historia verdadera del México profundo”. Guillermo Marín. IESO 2005 Méx.