miércoles, 8 de octubre de 2008

LOS CRIOLLOS ANTE LA HISTORIA


Los españoles llegaron al continente en 1492 en busca de una ruta comercial a la India, financiados fundamentalmente por los “mercaderes” a quienes les “urgía” seguir lucrando con el Oriente, ya que los turcos habían tomado Constantinopla e impedían el paso de las caravanas comerciales por el Cercano Oriente.


“Descubierta” América se inició la invasión, legalizada a través de una Bula Papal, donde los españoles y portugueses se dividieron el continente ahora llamado americano. El permiso que les otorgó el Vaticano consistía en ganar tierras y riquezas para la corona española y almas para la Santa Fe Católica.


Sin que los habitantes de estas tierras les hubieran hecho nada, los españoles, que en su mayoría eran gente pobre e ignorante de la España medieval, venían con una sed de sangre y codicia a “rescatar oro”, que no es más que robar y luego “pacificar”, es decir, exterminar a los pueblos agredidos. Desde luego que, otorgando el 20 % de lo robado a la corona española, quien llamó a este impuesto de rapiña, el “Quinto Real” o sea, una quinta parte de lo saqueado, era para los reinos de Castilla y Aragón, sin que estos “invirtieran” ni dinero, ni hombres, ni armas o naves, sólo por la “concesión” se llevaba una buena tajada de león. Es por ello que los mercaderes, la baja nobleza empobrecida y la chusma de la España medieval, cayó sin tregua y medida, como una diabólica plaga, sobre los pueblos y culturas milenarias del Anáhuac (mesoamérica) y el Tiwantainsuyo (la zona de los Andes).


Hernán Cortés llegó a México en 1519, venía prófugo de Cuba, pues el gobernador, que era el socio mayoritario de la expedición, se enteró que lo pensaba traicionar y lo mandó tomar preso, ya que de la concesión para “rescatar oro” que había conseguido en la corte española, obligaba a Cortés a darle un buen porcentaje de lo robado, toda vez que se la había subconcesionado al extremeño. Cortés partió una semana antes de lo previsto y la orden de detención llegó cuando él había levado anclas rumbo a Yucatán.


La conquista fue más que violenta, fue inhumana y genocida. La ambición del oro y el poder hicieron que los conquistadores perdieran toda medida y que escribieran páginas horribles y dolorosas de la historia humana. La injusticia y la barbarie produjeron matanzas como la del Templo Mayor, Cholula y muchas más que la “historia oficial”, nunca ha querido registrar, comenzando por los escritos de los conquistadores. Asesinatos injustos como los de Cuauhtémoc o Tupac Amaru, violación sistemática de las mujeres, comenzando con las esposas e hijas de la nobleza indígena, que cayeron en manos perversas de asesinos y delincuentes, o el asesinato de sus sacerdotes y maestros, además de la destrucción y saqueo de sus templos y edificios.
A sangre y fuego los conquistadores se apoderaron de tierras y de pueblos que no eran de ellos y nada les habían hecho, pero en menos de 30 años lograron establecer el Virreinato de la Nueva España.


Entonces fue que empezaron a llegar los colonizadores españoles. Gente pobre y sin posibilidades que huyendo de la miseria se venían a “hacer la América”, con el sueño de regresar ricos a sus tierras natales, la Nueva España jamás fue, para los colonizadores un fin, fue sólo un medio, a diferencia de los pioneros ingleses que se vinieron con sus familias a hacer “por ellos mismos” su tierra de oportunidades, por supuesto que primero exterminando a los nativos.
Las leyes, las Autoridades y las Instituciones que implantó la corona española en América, no fueron las que regían en España y desde luego que contemplaban a los indígenas, primero como animales y después como vencidos de guerra, sin ningún derecho más que el de recibir la nueva religión. Las Leyes, Autoridades e Instituciones españolas en América no tenían el propósito de alentar el desarrollo y bienestar de los pueblos indígenas vencidos. Por el contrario, sólo regulaba las relaciones entre los españoles y la explotación de los indios y sus recursos naturales.


Durante tres siglos los españoles explotaron implacablemente a los pueblos indígenas y depredaron sus recursos naturales sin ninguna restricción. En los primeros 100 años de la colonia, los españoles exterminaron entre 20 y 25 millones de personas, a través de cuchillo, trabajos forzados y fundamentalmente, con enfermedades que los diezmaron, dejándolos escasamente en un millón. México no volvió a tener ese número de personas hasta la década de 1940.


Las minas, las encomiendas, los bosques, la grana cochinilla y las haciendas, produjeron gracias a la explotación de los indígenas, inmensas ganancias. Verdaderos emporios de riqueza se empezaron a dar en todo lo que hoy conforma el territorio nacional.


El Virreinato a pesar de estar mal administrado y existir mucha corrupción entre los propios españoles, logró aportar una formidable riqueza a España durante trescientos años. Esto se logró gracias a un férreo Sistema de Castas, donde los españoles nacidos en España (gachupines), tenían todo el control de la colonia, pues los españoles nacidos en América (criollos), eran considerados “de segunda clase” y no podían acceder a los altos puestos en el gobierno, el clero y el ejército, de esta manera se mantenía el poder colonial.


En este Sistema de Castas existían dos grandes divisiones: los gachupines y los criollos por una parte, pues a fin de cuentas eran hermanos, parientes y paisanos, lo único que los diferenciaba es que unos no habían nacido en España y por ello, no accedían a los altos cargos de la colonia. El otro gran grupo fue el integrado por los mestizos, negros e indígenas, donde los primeros eran los que trabajaban en puestos medios como mayordomos, capataces u hombres de confianza de los gachupines y los criollos, y por supuesto lo indígenas que no tenían absolutamente, ningún derecho. Eran la mano de obra esclava, los vencidos, los hijos del demonio, los despreciados.
Sin embargo, al interior de la sociedad “novo hispana” se empezó a gestar un gran resentimiento entre los criollos en contra de sus parientes ricos, los envidiados gachupines.


Los criollos siempre fueron ambiciosos y resentidos. Por una parte eran rechazados por los gachupines y ellos a su vez, rechazaban a los mestizos y a los indígenas. El ser rechazados por su “Cultura Madre Ibérica”, los mantenía en un permanente estado de frustración. Siempre gozaron de las riquezas de sus parientes nacidos en España, pero nunca pudieron generar la riqueza con el ímpetu de ellos. Eso, desde los primeros años de la colonia los hizo “impotentes” y frustrados. Siempre agachando la cabeza y maldiciendo por debajo a sus parientes ricos y poderosos. Pero al mismo tiempo, desquitando su frustración con los mestizos, negros e indígenas.


Sin embargo, a principios del siglo XIX, cuando España estaba invadida por las tropas de Napoleón Bonaparte y los reyes estaban presos en París; a los criollos se les ocurrió derrocar a los gachupines, quienes al estar preso el rey, resultaba que ellos en América no tenían a quien rendir cuentas. Esta traición venía siendo acariciada desde finales del siglo XVIII, la ambición y voracidad de los criollos eran tan grande como su misma frustración. Por otra parte, algunos gachupines oportunistas, veían que en la propia España soplaban vientos de cambios, en el que se presumía el fin de las monarquías y el inicio de las repúblicas.


La traición más grande de los criollos a sus parientes gachupines, fue usar a los indígenas en contra de ellos para lograr sus perversos fines. Cuando Miguel Hidalgo (criollo) les dice a los indígenas en Dolores, -¡es hora de matar gachupines!- desató la ira y el odio contenido a lo largo de trescientos años de injusticias. El levantar a los indígenas en contra de los gachupines fue un acto de traición a su sangre y a su cultura. El mismo Hidalgo preso en Chihuahua y juzgado por la Santa Inquisición, pidió perdón y se arrepintió de haber provocado la matanza de tantos españoles en el inicio de la Guerra de Independencia y es la razón por la cual, cuando venció a las tropas realistas en la Batalla del Monte de las Cruces, en las goteras de la Ciudad de México, no dio la orden de tomarla y retrocedió al Bajío.


La revuelta criolla tomó otro rumbo cuando los mestizos intervinieron en ella. Fue José María Morelos y Vicente Guerrero (ambos mestizos) los que transformaron una revuelta de criollos, en un verdadero movimiento independentista. Fundamentalmente Morelos dará las bases ideológicas con los “Sentimientos de la Nación” y el Primer Congreso del Anáhuac en Chilpancingo, decretando la derogación de la esclavitud y diseñando una nación libre totalmente de España; pues según los planes de los revoltosos criollos, según ellos, cuando los reyes de España volvieran a gobernar, ellos se reincorporarían a la corona española, habiendo previamente desplazado a los gachupines. Es por ello que Hidalgo en el “Grito de Dolores”, termina su arenga a los indígenas diciendo “Vivan los reyes de España”. La guerra de independencia de los criollos, no era en contra de la corona española, sino en contra de sus parientes los gachupines o españoles peninsulares.


La guerra de independencia concluyó con la traición de un criollo a los peninsulares. En efecto, después de diez años de guerra y de que Hidalgo, Morelos, Mina y demás precursores de este movimiento estaban muertos y derrotados por las fuerzas reales de la colonia española. Para acabar el último reducto de insurgentes que se refugiaban como guerrilla en las montañas de lo que hoy es el estado de Guerrero, los gachupines armaron un gran ejército para que fuera a las montañas del Sur, a aniquilar al último vestigio de la insurrección iniciada en 1810.


Sin embargo, su error no pudo ser más grande que el de poner al frente de ese poderosísimo ejército a un criollo. Fue Agustín de Iturbide, el criollo que traicionó a los gachupines y realizando la primera “concertacesión” con el “Abrazo de Acatempan”, donde Iturbide acuerda unir fuerzas para que “criollos y mestizos” tomaran la Ciudad de México, con el apoyo secreto de algunos gachupines republicanos. Con el mismo ejército que los gachupines habían financiado y decretaran la Independencia, previo acuerdo de que Iturbide se proclamaría posteriormente “emperador”.


La siguiente traición de los criollos a los gachupines, fue que entre 1821 y 1828 acordaron expulsar a los gachupines de México a través de Leyes como la del 10 de Mayo de 1827, donde el Artículo primero empieza así: “Ningún individuo que sea español por nacimiento podrá ejercer cargo ni empleo alguno de nombramiento de los poderes generales de cualquier ramo de la administración pública, civil y militar...”, o la Ley del 20 de Diciembre del mismo año, donde se instrumenta la definitiva expulsión de los gachupines de México.


Los torpes, ineptos y ambiciosos criollos, al expulsar a los españoles crearán la primera “fuga de capitales” y en segundo lugar, sacan del país que apenas nacía a los generadores de la riqueza. Esta es la verdadera historia de los criollos y este remedo de patria (sólo para ellos) que fundaron a principios del siglo XIX, donde la inmensa masa de indígenas no tenía cabida.
En efecto, para 1821 la cifra de españoles viviendo en México era de aproximadamente diez mil y la población total se calcula en seis millones de personas, la mitad era indígena, ciento cincuenta mil gachupines y los demás, criollos, mestizos y negros.


Los criollos jamás, en estos dos siglos de intento de nación, han podido generar la riqueza que sus parientes los gachupines lograron producir en la colonia. De esta manera comenzaron los “gobiernos de su patria” en la pobreza, pues ya no se producía y no se generaban impuestos y para colmo, se dividieron entre sí en dos bandos: conservadores y liberales, centralistas y federalistas, monárquicos y republicanos, masones escoceses masones yorkinos, panistas y priístas (y ahora panistas y priístas), lo que desató un estado de inestabilidad política con sus frecuentes cuartelazos durante los dos primeros tercios del siglo XIX, además, que por las guerras fratricidas, fueron invadidos por los franceses y los norteamericanos, perdiendo más de la mitad del territorio que habían heredado de sus parientes los gachupines en la colonia.


Paradójicamente, fueron un indígena y un mestizo, los que pudieron cristalizar el anhelado proyecto de nación criolla de 1810. Benito Juárez y Porfirio Díaz lograron consolidar la República (criolla) y entrar al siglo XX, con un proyecto “modernizador”.


La victoria de los criollos liberales fue consolidada por los norteamericanos, quienes alentaron y financiaron la revolución de 1910, para desplazar de su “traspatio” a los franceses, ingleses y alemanes. De acuerdo a la Doctrina Monroe, donde “América es sólo para los americanos”. Los criollos liberales en el primer cuarto del siglo XX, crearon una formidable maquinaria política-social-cultural a través del Partido Revolucionario Institucional, que logró institucionalizar su poder y redujo a casi nada a sus enemigos, los criollos conservadores que, desde el Partido de Acción Nacional, se mantuvieron latentes en lo político, ya que como había sucedido con Díaz a finales del siglo XIX, los criollos conservadores se dedicaron más a los negocios y los criollos liberales a la política.


Las políticas desarrollistas impuestas por los norteamericanos, después de la Segunda Guerra, alentaron el sueño de la industrialización y la modernidad de los dirigentes. Los criollos, tanto liberales como conservadores, tomados de la mano se embarcaron ciegamente en el proyecto propuesto por los capitales anglosajones de Norteamérica y compraron tecnología contaminante y caduca de industrias productoras de bienes de consumo y no bienes de capital. El dinero fue maléficamente prestado con intereses leoninos, lo que produjo a finales del siglo un endeudamiento descomunal, con su consiguiente pago de sumas exorbitantes de intereses.


A finales del siglo XX, los criollos liberales dejan a un país endeudado, con una altísima carga financiera por el pago de intereses, un sistema de administración pública ineficiente, obeso y sumamente corrupto, con una pérdida total de credibilidad y legalidad del sistema político, así como un país totalmente contaminado. Además de implantar de manera inadecuada la globalización, los criollos liberales, para “salvar su pellejo”, entregan, sin ningún remordimiento y de la manera más cobarde y cínica, al pueblo de México y la riqueza de la nación, al capital financiero supra nacional, para que aplique sus políticas neoliberales sin ninguna compasión a la nación mexicana.


Nuevamente los criollos traicionan a la patria y acuerdan con sus amos foráneos, dejarle el mando a los criollos conservadores que “limpios y puros”, desde la iniciativa privada, salvaran a la nación a partir de hacer eficiente a la administración pública, erradicar la corrupción, implementar políticas empresariales y el marketing, manejando al país como una gran empresa refresquera.


En estos doscientos años, los criollos jamás han tomado en cuenta a los indígenas y fundamentalmente, a la civilización originaria, que sigue viva, vigente y vibrante, en el proyecto de “su nación”.


Han logrado “desindianizar” a muchos indígenas a través de sus políticas indigenistas e integracionistas. Han logrado neutralizar a los mestizos, haciéndolos “indefensos extranjeros incultos en su propia tierra”, despreciando permanentemente sus raíces indígenas y exaltando la cultura de sus explotadores foráneos. Derrumbando su memoria ancestral de pueblos sabios y dejándolos indefensos en el auto desprecio y auto denigración. Es por ello que, criollos, mestizos e indios desindianizados, están condenados de por vida a ser sólo importadores, consumidores y repetidores de un mundo que jamás podrán construir con ORIGINALIDAD, pues para ellos, la modernidad viene siempre de afuera.


Estarán siempre condenados a ser de tercera, subdesarrollados, imitadores, sumisos seres despreciados por sus colonizadores y al mismo tiempo, feroces menospreciadores de lo propio, de su raíz, de su identidad, de su Madre Cultura Indígena. Extranjeros incultos en su propia tierra, eternos viajeros desolados, perdidos en “el laberinto de la soledad”.
Este destino también lo comparten los criollos, que despreciando la cultura originaria que los alimentó y formó, permanentemente la desprecian frente a la cultura Occidental, sin embargo, cuando ellos viajan a España o su tierra de origen, sus parientes y paisanos los señalan como “indianos”, pues sin darse cuenta, han absorbido mucho de la cultura que ellos desprecian y ya no pertenecen totalmente a la originaria, (ni de aquí ni de allá).


Los criollos ¿mexicanos? prefieren entregar a “su patria” a los norteamericanos o al capital financiero supra nacional, que reconocer el derecho ancestral que les han negado a los pueblos originarios desde hace 480 años. Es por ello que se unen los criollos conservadores (PAN), con los criollos liberales (PRI), en las cámaras del Poder Legislativo para impedir el reconocimiento legal de la existencia de los pueblos indígenas y sus consiguientes derechos. Este país ha sido una creación criolla, donde los indígenas y mestizos, han sido pura “carne de cañón y sangre esclava”. Los criollos tienen el poder económico, el poder político, y son los científicos, artistas e intelectuales nacionales, bástenos leer sus nombres y conocer sus blasones.


El criollismo no es un fenómeno sanguíneo o racial, sino ideológico y cultural. Existen muchas personas que actúan con esa mentalidad y son mestizos o indígenas mismos. Estos personajes les llaman “los cocos mexicanos”, es decir: -cafés por fuera y blancos por dentro.


Los mexicanos todos, sentimos que es momento de un gran cambio. Que no podemos seguir como hasta ahora los criollos han gobernado esta nación. La sociedad mexicana esta despertando, quizás de un sueño, que muchas veces se convirtió en pesadilla. Los Pueblos Indígenas de México dicen un ¡YA BASTA! Que esta sacudiendo todas nuestras anquilosadas estructuras.


Tenemos que poner nuevos cimientos, nuevas bases y principios para crear una sociedad que responda a nuestra milenaria Cultura Madre y esté en armonía con la parte de la Cultura Occidental de la que nos hemos apropiado en estos cinco siglos, y de la cual, orgullosamente también formamos parte.


En el futuro próximo de nuestra nación, los pueblos indígenas y sus culturas afloraran con una inmensa fuerza telúrica, que derrumbará muchas construcciones coloniales que habitan en la mente, la cultura y el corazón de nuestra sociedad criolla neocolonial.


“El futuro de México es su pasado”, y los indígenas tomarán el sitio que les corresponde en la historia, y los mestizos, retomaremos la parte perdida, la parte olvidada de nuestra raíz, esencia de lo que hoy somos. México indefectiblemente es y será un país mestizo. La diferencia es que muy pronto los indígenas ocuparan los espacios que les corresponde y los mestizos nos despojaremos del colonialismo mental, espiritual y cultural que padecemos.
En muy pocos años veremos lo increíble.