martes, 5 de enero de 2010

EL PROYECTO DE PAÍS DE LOS CRIOLLOS ESTA CONDENADO AL FRACASO.




El proyecto criollo de país, desde 1821 estaba condenado al fracaso por que se basa en la exclusión de la Matria y sus ciudadanos descendientes culturales de la civilización del Anáhuac, los indígenas y mestizos.



Por lo mismo, los criollos desde el principio han concebido este país bajo un principio de “rapiña, abuso y explotación”. La envidia y la traición a sus parientes los gachupines, son los cimientos “libertarios” que desencadenaron el provocado estallido social, conocido en la historia oficial con el eufemismo de “Guerra de Independencia”.




Para la construcción de “su país” los criollos jamás han pensado en el pueblo. Ese mayoritario pueblo de origen y cultural indígena, descendiente de una milenaria sabiduría y con una experiencia en la organización y administración ancestral, que era muy superior a la Europa que en esos momentos trataban de implementar los “mercaderes” al derrocar las monarquías e imponer las repúblicas al inicio del siglo XIX.


Los criollos mantuvieron el mismo sistema colonial que excluyó a la civilización invadida durante tres siglos y que trató al pueblo invadido como vencido. Solo usó a los vencidos como esclavos en la construcción del Virreinato. En 1821 los criollos lograron “su” independencia política de España, y no solo mantuvieron disfrazado el sistema colonial de explotación y exclusión, sino que paradójicamente, no pudieron soportar la orfandad a la que se habían condenado, lo que los hizo europeizarse recalcitrantemente, hasta tratar a ser más europeos que los europeos. Mientras en Europa iban surgiendo a punta de bayoneta las repúblicas, en el país de los criollos inician con un imperio. Los criollos en la historia, siempre han ido en reversa y a siegas.





A pesar de los tres siglos de Colonia, los criollos heredaron un pueblo noble, trabajador y honrado. Siete mil quinientos años de desarrollo humano habían formado una cultura humanista y espiritual, sustentada en el respeto al principio de autoridad, a la responsabilidad comunitaria y al trabajo colectivo. La capacidad de producción y organización social de los anahuacas, se puede medir en la cantidad de pirámides que se construyeron en el Cem Anáhuac. Todas las civilizaciones antiguas construyeron pirámides, los egipcios que cuentan con las más famosas solo construyeron cien, en el Anáhuac existen más de dos mil zonas arqueológicas detectadas y en cada una hay más de una pirámide.




La construcción de un centro de conocimiento como Teotihuacan, Monte Alban y Palenque, por citar solo tres impresionantes lugares del Anáhuac, nos hablan de una sólida capacidad social, cultural y energética, que permitiera, como en el caso de Monte Alban, el trabajo constructivo a lo largo de 1350 años, en los que estuvo implícito: un excelente sistema alimentario, un efectivo sistema de salud, un eficaz sistema educativo, un avanzado sistema de organización social y finalmente, contar un propósito social a largo plazo compartido por muchas generaciones.





Toda esta rica experiencia y sabiduría fue despreciada en la Colonia y los criollos repetirán el mismo error en la construcción de “su país” en el siglo XIX. Y lo mismo se sigue haciendo hasta nuestros días al inicio del nuevo milenio. Mientras sigamos en un régimen de exclusión y explotación, sin tener responsabilidad, compasión y amor, por el pueblo y su milenaria cultura, este país, seguirá siendo un infierno, siempre a punto de estallar. Mientras tengamos a una clase empresarial y política que desconoce y desprecia totalmente la historia, cultura, valores de la civilización Madre. La mayoría de los ciudadanos que viven en el país pertenecen, se den cuenta o no de ello, a la civilización Madre.





Por estas razones, y a lo largo de los siglos de colonia española y neocolonización criolla, el pueblo ha perdido su memoria histórica. No sabe quién es él, quiénes fueron sus antepasados milenarios, cuál es su legado, cuál su riqueza, cuáles sus valores y principios; y en medio del desorden, injusticia y violencia que han impuesto los criollos en su frenesí depredador, el pueblo se ha enajenado. El país de los criollos no le da otra opción. Y es precisamente esta la manera de dominarlos, volverlos ignorantes de sí mismos y desorganizados.






En esta situación la corrupción ha sido el modo en que los criollos explotan al pueblo y sus recursos naturales y se roban a sí mismos, sea en el gobierno o en la iniciativa privada. México “el país de los criollos”, es un lugar donde la cleptomanía se ha hecho una forma de vida. Donde la mentira y la simulación se convierten en “la realidad”. En la que la corrupción es el aceite del sistema. Porque nunca se ha pensado este país para todos. Sino para que unos cuantos abusen y exploten a las mayorías.
 




 
De esta manera, los que vivimos en el país de los criollos, debemos de dejar de engañarnos y creer que “México” es de todos y es nuestro. Totalmente falso, la historia, la economía, la política, la sociedad y la cultura ha sido para unos cuantos. Esta visión miope, excluyente, inhumana y estúpida, es la que condena al fracaso al país de los criollos. La Patria de los criollos ha sido muy injusta con las mayorías no europeas.
 
 



Sin embargo, los excluidos tenemos a la Matria. Que es milenaria, generosa y sabía. La civilización del Cem Anáhuac es el futuro, porque posee el pasado antiguo y profundo de quienes somos. La Materia representada por la civilización del Anáhuac esta completa. Tiene pasado, presente y futuro. Vive adormecida en lo profundo de nuestros mejores sentimientos, de nuestras más humanas y sólidas tradiciones y costumbres, en la visión del mundo y la vida, en lo divino y lo sagrado.






Se requiere tomar conciencia y actuar con responsabilidad histórica. La Matria es la base para construir el país de todos. Sin exclusiones, tomado lo mejor de las diversas civilizaciones que se han mezclado con la “propia nuestra”. El país de todos podría ser… “La República Comunitaria del Anáhuac”.