viernes, 26 de septiembre de 2008

LA EXPLOTACIÓN A PARTIR DEL EMBRUTECIMIENTO Y LA ENAJENACIÓN


En uno de los cruceros más lentos de la ciudad, esperaba la luz verde cuando vi a una familia entera que “trabajaba” en la calle. No eran indígenas ni campesinos, eran lumpen citadino. Unos limpiaban parabrisas, otros vendían chicles y el más pequeño simplemente pedía “un peso”, con su manita que apenas alcanzaba la ventanilla del indiferente automovilista.

Un adolescente estaba descansando en el quicio de una puerta y llegó la madre de los vendedores y le dio un coscorrón jalándole el cabello a manera de comunicación. El joven saltó para quedar fuera del alcance de su madre y se fue sobre el pequeño que regresaba y le hizo lo mismo, a lo cual la madre respondió con mayor violencia sobre el joven, en eso estaban cuando se acercó el marido y con fuerza, le jaló el cabello a la mujer.

Todo fue vertiginoso y fugaz, la forma de comunicación de esa familia era la violencia. Mientras los autos iniciaban lentamente su avance con la luz verde, toda familia se acercó a tomar sus inmensos refrescos y su alimento. La coca cola y las bolsitas de los alimentos chatarra relucían en el sol de medio día.

La imagen se me quedó grabada en el corazón. No cabe duda de que vivimos un sistema violento de explotación a partir de embrutecer y enajenar al pueblo. Desde las clases más altas, hasta la gente que vive en la calle, todos estamos sujetos a una forma de vida que nos aniquila espiritual y moralmente. La violencia es el medio que rige a nuestra sociedad. Desde la violencia subliminal de los comerciales que invitan al consumo suntuario y chatarra, como única expresión válida de vida, hasta la violencia de no tener trabajo y seguridad en el respeto de nuestros derechos humanos, pasando por la violencia institucionalizada de los que tienen casi todo, sobre los que no tienen nada.

El capital financiero supranacional a través de sus empresas trasnacionales, literalmente “drenan” a los pueblos del mundo, pero especialmente a los colonizados o llamados del tercer mundo. Nos exprimen y nos sacan hasta el último centavo. Esa familia era la mejor expresión de esta desgracia mundial. Una familia sin futuro, sin trabajo, sin educación. Vendiendo en la calle los chicles, limpiando parabrisas y pidiendo limosna, todo para ¡comprarle los productos a las trasnacionales!

En efecto, amable lector, observe usted que las personas, entre más embrutecidas y enajenas estén, en cuanto menos educación tengan y estén fuera de su Cultura Madre, están más indefensas a merced de la explotación. Y no quiero decir necesariamente gente pobre, por el contrario, la ignorancia y la enajenación también se ve en las familias con poder económico. La diferencia es que unos comen comida chatarra en la calle y los otros en Plaza del Valle (centro comercial muuderrno), aquí la ignorancia y la incultura es el medio para quitarles el dinero a todos, ricos y pobres.

Observe usted, cómo esta tapizado todo el país de basura de alimentos y productos chatarra producido por empresas trasnacionales; las calles, las carreteras, los campos, todo esta lleno de envases, envolturas, empaques de productos chatarra. Pañales desechables, envases de todo tipo, bolsitas, bolsotas, de plástico, de celofán, de cartón. Vea la basura que le rodea y comprenderá qué somos y quién nos explota.

Vivimos una sociedad caníbal, donde el colonizador más grande y fuerte, devora al colonizador más pequeño y débil, porque ese es el problema, vivimos una sociedad colonizada, donde todos somos colonizadores de todos, donde lo que se les enseña a los jóvenes, no es a liberar y descolonizar a su pueblo y así mismos. Por el contrario, se les enseña que ellos deben ocupar un puesto de colonizador explotador. Aprendemos en esta sociedad colonizada a despreciar a “los de abajo” y a echarnos a los pies de los de arriba, con la esperanza de “trepar” en la pirámide colonial y que nuestros hijos tengan más dinero para poder pisar más y ser menos pisados. El sistema es violento y explotador, por fuerza nosotros tenemos que ser violentos y explotadores.

¿No ha observado el amable lector, que de un tiempo para acá, han aparecido en la ciudad de Oaxaca decenas de jóvenes indígenas vendiendo mercancía chatarra en unas cajitas que les cuelgan en el vientre? Se ha dado cuenta que esos muchachos no son oaxaqueños, sino indígenas chiapanecos que un vival los trae y los explota. Están en las calles, en las oficinas públicas, en las plazas y jardines y donde existe gente. Imagínese usted, tener una tienda móvil en toda la ciudad, sin pagar renta, sin pagar luz y agua, sin pagar impuestos, sin pagar sueldos y seguro social. Le aseguro que ese bribón explotador debe ser una persona “con peso” y con pesos, usted cree que a ese señor le conviene que se ponga en vigencia la Ley Indígena de la COCOPA o aquél italiano que llegó a Oaxaca con una mano a tras y la otra adelante y en unos años se hizo rico talando y depredando los bosques de los indígenas oaxaqueños, o los españoles y libaneses que llegaron a Oaxaca y que en dos generaciones se han apoderado de todo y los oaxaqueños sólo les queda trabajar de meseros, camareros, cocineros, empleados de mostrador, cargadores y un largo y doloroso etcétera.

Vea usted los mejores comercios, las mejores tierras, los mejores negocios en manos de quienes están. Es por eso que la enajenación y el embrutecimiento del pueblo permite amasar fortunas y desde Bill Gates hasta el bribón que explota a los indígenas chiapanecos en la ciudad de Oaxaca, todos ganan explotando al de más abajo. Así como el señor le pega a la señora y ella al hijo y este al hermano más pequeño, la sociedad ejerce la violencia de arriba para abajo. En cinco días el Estado Mexicano pone en la cárcel a unos subversivos que estallaron petardos en tres bancos, pero al mismo tiempo, Cabal Peniche, Espinoza Villareal y todos los defraudadores de la Banca mexicana no se les pude meter a la cárcel a pesar de que le han causado un inmenso quebranto al patrimonio de todos los mexicanos.

Mientras el pueblo este embrutecido y enajenado, se podrán seguir haciendo negocios grandes y pequeños, buenos y excelentes, arriba y abajo. Esta tierra seguirá siendo “tierra de oportunidades”. (2002)

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